sábado, 7 de junio de 2008

Amazônia brasileña. Actualidad

EL GOBIERNO DE LULA LE COBRARA 220 MILLONES DE DOLARES A UN EMPRESARIO SUECO ,ASESOR DE GORDON BROWN
Brasil: multimillonaria multa por talar
Un supuesto filántropo habría derribado 230 mil árboles amazónicos.
Por: Eleonora Gosman El Mundo-
El sueco Johan Eliasch (46) es uno de los 300 grandes ricos del planeta. Radicado hace décadas en Gran Bretaña, detenta el nada despreciable cargo de Representante Especial del premier Gordon Brown para el Medio Ambiente y la Energía Limpia. Sin embargo, sus millones de dólares y sus aceitados contactos políticos no le sirvieron para frenar la multa que ayer le aplicó el Instituto Brasileño de Medio Ambiente. Se lo acusa, simple y sencillamente, de explotar, transportar y comercializar en forma ilegal madera procedente del Amazonas. El gobierno de Brasil pescó in fraganti a este "ambientalista" que preside la ONG Cool Earth. Se le interceptó un volumen de maderas preciosas de casi 700.000 toneladas, equivalentes, para tener una idea, a 17.000 vagones de tren. En los cálculos oficiales, el sueco-británico ecologista mandó a talar más de 230 mil árboles amazónicos. La guadaña del Palacio del Planalto (la casa brasileña de gobierno) no se hizo esperar. Ayer le aplicó una multa gigantesca de 220 millones de dólares, o sea un tercio de la fortuna personal del "infractor".El hombre, casado con la brasileña Ana Paula Junqueira, prueba ahora el amargo sabor de la venganza del gobierno brasileño. Dueño de 1.600 kilómetros cuadrados en Manicorá, un poblado al que se llega después de atravesar en balsa el río Amazonas desde Manaos, Eliasch tiene un frondoso historial de títulos: es miembro del consejo directivo del Centro para la Justicia Social; asesor del Consejo Empresarial de Brasilinvest -una firma liderada por el lobbista Mario Garnero-; es también presidente del Starr Underwriting Agents; copresidente de Cool Earth y presidente del Foro Estratégico Global y del mecenazgo en la Universidad de Estocolmo.Lo interesante es cómo vendió una imagen de "verde". En una nota del 6 de septiembre de 2007, el prestigioso diario The Independent lo definía como el arquetípico magnate global, que se las arregla para combinar su carrera como presidente del imperio Head Sports (además de banquero y productor de filmes) con una posición de líder filantrópico británico dedicado a la causa verde. En ese artículo, el diario inglés contaba que Eliasch había gastado 16 millones de dólares para adquirir su hacienda en el Amazonas.El objetivo confesado por el magnate era salvar la prístina Amazonía de los "feroces" cortadores brasileños de árboles.Se sintió tan conmovido por la destrucción de la selva que alentó a otros grandes empresarios a seguir su conducta. Había que comprar todas las tierras posibles de la selva para garantizar su preservación y la del medio ambiente. Fue entonces que decidió fundar Cool Earth. Es que el sensible Eliasch había identificado la deforestación en la selva del Amazonas como una de las causas principales del calentamiento global. Y estaba decidido, según dijo, a dar la batalla.En su enfoque, nada mejor que dejar la Amazonía en manos "internacionales" para reducir los incendios forestales, la devastación y consecuentemente las emisiones mundiales de dióxido de carbono (gas responsable del efecto invernadero).Este hombre forma parte de esa nueva corriente "colonialista" que propone la compra de tierras en países pobres para conservar, en las palabras, la vegetación original. Fue en ese contexto que Eliasch declaró: "En teoría, se puede comprar la Amazonía por 50.000 millones de dólares", sostuvo. Y agregó, "un huracán como el Katrina cuesta lo mismo en indemnizaciones. Les digo que hay una correlación directa entre el corte de árboles, el calentamiento global y desastres como el huracán que destruyó Nueva Orleans".Lo que no dijo Eliasch es que su empresa Gethal iba a cometer las mismas "irregularidades" cuestionadas a los brasileños. El empresario no sólo dañó su imagen y la del gobierno británico que lo contrató. También pone en jaque con su hipocresía las demandas de aquellos que creen realmente en la necesidad de preservar la selva.

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