sábado, 28 de junio de 2008

Rock in Rio Madrid inaugura con 50% del publico estimado

REPORTAJE: Comienza el festival Rock in Rio
Centro comercial con canciones de fondo
Rock in Rio arranca como se esperaba: más parque de atracciones que concierto
CARLOS MARCOS - Madrid - 28/06/2008


Nunca alguien fue vestido tan poco rockero a un concierto de rock. Apunten: chaqueta roja con un vistoso broche en la solapa de un perro azul, falda blanca ancha con estampados florales y zapatos de tacón alto abiertos de color rojo. La dueña de esta indumentaria: Esperanza Aguirre.
Esto es Arganda del Rey, a 30 kilómetros de la capital. La presidenta entró en la carpa VIP a eso de las siete de la tarde y dio por inaugurado Rock in Rio, con una buena entrada en su primer día: unas 50.000 personas (el recinto puede albergar a 100.000) siguieron la actuación de la estrella de la jornada, el veterano canadiense, de 62 años, Neil Young.
En este Rock in Rio conviene detenerse en los detalles. Por ejemplo, las características de esta zona VIP. Una inmensa carpa enmoquetada, con un generoso puñado de camareros a disposición de los casi 2.000 privilegiados, una selección de manjares gastronómicos y unas escaleras para acceder a una terraza donde, en plan emperador romano, los habitantes VIP reparten su bendición sobre el pueblo.
Desde el escenario principal, un coro entonó Imagine, de John Lennon, para saludar a la presidenta, y ésta hasta amagó con unos leves movimientos de piernas cuando llegó aquello de "imagine all the people, sharing all the world, ooooo...". La imagen de Aguirre apareció en la pantalla principal, y de los pocos asistentes que estaban en ese momento surgieron abucheos. "Rebeldes por naturaleza", dijo alguien del entorno de Aguirre. Al instante, el coro quedó mudo y sonaron unos guitarrazos. Ella aprovechó el barullo para largarse, entre sonrisas. Un séquito de casi 25 personas la seguía. Estuvo unos 10 minutos. Rock in Rio comenzaba.
¿Que si este festival es distinto a, por ejemplo, Benicàssim, Viña Rock o Summercase? Sí, muy diferente. Algunos ejemplos. El más evidente te golpea nada más entrar: Burger King, El Corte Inglés, L'Oreal... ¿Ha ido usted alguna vez a esa mole del consumo que es La Vaguada? Pues muy parecido. Atención, padres, esto es un chollo para sus vástagos. Fuentes para darse un chapuzón, ruletas para ganar una bicicleta, la posibilidad de jugar al videojuego del momento, Guitar Hero... Y te regalan chuches o globos gigantes si aguantas una moderada cola. Ahí está la familia Pazos, con sus tres generaciones. Miguel Ángel, su hermana, el hijo de ésta (de 18 meses) y los abuelos del pequeño, de 70 años. "Hemos venido al acontecimiento, a ver si se cumplen las promesas que han hecho con ese enorme despliegue publicitario", dice Miguel Ángel, que apunta varias pegas: "Hay muy pocas sombras y la hierba no llega a todos los sitios". Pero este espectador, de 42 años, no puede negar que la vista es deslumbrante.
Si te colocas en el centro de la ciudad (y conviene no hacerlo a las seis de la tarde por el puñetazo de 40 grados), la vista puede ser grandiosa: fuentes, carpas la mar de modernas, juegos, cachivaches, tipos con carritos transportando a la gente, hermosas azafatas, malabaristas, pista de esquí, la gente pasándoselo en grande... Y al final, el descomunal escenario principal, todo decorado en elegantísimo plata. Un prodigio, señores. Atención al caso de otra familia, la de Mari Carmen Martínez, que informa de que han acudido "a pasar el día". Tan ricamente. Mientras, sus hijos, de 7 y 10 años, se lo pasan bomba en una fuente. Mari Carmen confiesa que no ha pasado por taquilla. "Me han dado unas invitaciones". Como muchos asistentes.
Es difícil aburrirse en Rock in Rio, pero debes hacer ejercicio: 200.000 metros cuadrados de diversiones esperan a los asistentes. Se viven escenas curiosas, como esa chica que apura un porro viendo a Loquillo cuando, a su lado, un padre reprende a su hijo por chinchar a su hermano. Cosas de la cultura del centro comercial.
El marroquí Moureddine Tsouli, un informático de 42 años que vive en Tánger, ha acudido al festival por el método ortodoxo (ha abonado los 65 euros) y persigue un ideario noble: viene a Rock in Rio a escuchar canciones. “Tengo ilusión por ver, sobre todo, a Neil Young. Pero también a Alanis Morissette y a Manolo García”, apunta Tsouli.
A última hora de la noche se estaba cómodo y agradable en el festival. La gente se desperdigaba por el césped (artificial), muchos tumbados, escuchando al gran Neil Young. Ya quedaban pocos críos. Hoy, a las seis de la tarde, se abrirá otra vez el parque de atracciones… con canciones de fondo.

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