jueves, 8 de octubre de 2009

La mayor procesión religiosa de Brasil



Esta procesión, que se celebra desde hace 236 años, está considerada la mayor expresión de fe del pueblo católico de Pará y reúne anualmente a dos millones de romeros de todo el mundo.

La ciudad de Belém, en el estado de Pará, se transforma en escenario de uno de los mayores cortejos del mundo católico: el Cirio de Nazaré. Desde hace más de dos siglos, el segundo domingo de octubre, millones de fieles adornan la ciudad y salen a las calles para homenajear a Nuestra Señora de Nazaré, patrona de Pará y de los navegantes. Y cuya imagen original perteneció al Monasterio de Caulina, en España.

La fiesta dura 15 días y este año comienza el sábado 10 de octubre, con la procesión del traslado, que es cuando la réplica de la Virgen de Nazaré se traslada de una capilla cercana a la Basílica , a la Catedral da Sé. Esta procesión está considerada la mayor expresión de fe del pueblo católico de Pará y reúne, anualmente, cerca de dos millones de peregrinos de todo el mundo.La procesión del Cirio, un camino a pie de seis kilómetros hasta la Plaza Santuario de Nazaré, comienza a las 7 de la mañana del domingo.

Durante cuatro horas, una multitud emocionada conduce la imagen ornamentada de Nuestra Señora de Nazaré, al son de rezos, cánticos y saludos con lluvias de papeles y rosas.


Romería Fluvial

El sábado siguiente por la mañana, es el turno de los navegantes. La patrona del pueblo de Pará es también conocida por ser la patrona de los navegantes. Por eso, la romería fluvial es uno de los espectáculos más bellos, emocionantes y esperados de la gran devoción a la Virgen de Nazaré. El evento se realizó por primera vez el 8 de octubre de 1986.

La imagen es conducida en un barco adornado con flores, globos y cintas de varios colores. La embarcación sigue por la Bahía de Guajará alrededor de Belém, acompañada por cientos de barcos adornados.El trayecto Icoaraci-Belém dura cinco horas y media. Al llegar al muelle del puerto de la capital, la Virgen es recibida con fuegos artificiales en un magnifico espectáculo que reúne a una multitud que va a pie, así como motociclistas y ciclistas. De ahí, la imagen es conducida hasta el Colegio Gentil Bittencourt de dónde sale en la noche en otra procesión, llamada la Traslación.


Despedida

El llamado Recirio es el último momento del tradicional evento del Cirio de Nazaré. Es cuando los paraenses se despiden de su patrona hasta el Cirio de año siguiente. Ocurre el lunes, quince días después de la procesión de Nazaré. Ese día, la ciudad para toda su actividad cotidiana. No se abren las tiendas ni se trabaja en organismos públicos, con excepción de los más importantes. El fuerte sentimiento de los fieles que despiden a la Virgen puede percibirse.

En las primeras horas de la mañana, se realiza la procesión después de una misa en el Centro Arquitectónico de Nazaré. Luego, la imagen es llevada por las calles, alrededor de la Plaza Santuario frente a la Basílica de Nazaré y sigue con dirección a la Capilla del Colegio Gentil Bittencourt, donde permanece hasta el próximo Cirio. Es un trayecto corto que dura sólo treinta minutos, tiempo suficiente para que los devotos rindan a la Virgen su último homenaje.

Por su grandiosidad, el Cirio de Belém fue registrado, en septiembre de 2004, por el Instituto del Patrimonio Histórico y Artístico Nacional (Iphan), como Patrimonio Cultural de Naturaleza Inmaterial.


Historia

La devoción a Nuestra Señora de Nazaré tuvo su inicio en Portugal. La imagen original de la Virgen pertenecía al Monasterio de Caulina, en España. La imagen, esculpida por San José, debió salir de la ciudad de Nazaret, en Israel, en el año de 361. Durante una batalla se llevó a Portugal, donde, durante mucho tiempo estuvo escondida en el Pico de San Bartolomeo. La imagen fue encontrada en el año 1119.

La noticia se propagó y mucha gente comenzó a adorar a la Santa. Desde entonces se le han atribuido numerosos milagros. En Pará, todo comenzó en 1700, cuando el mestizo llamado Plácido encontró una imagen de la Virgen en el arroyo Murutucu –en lo que hoy es la calle 14 de Marzo, en Belém.

Llevó la imagen a su casa pero misteriosamente la imagen volvió al sitio dónde había sido encontrada. El hecho ocurrió varias veces hasta que Plácido construyó una pequeña capilla en el sitio, a donde miles de peregrinos iban en busca de milagros de la Virgen.Nueve décadas después surgió la primera procesión del Círio de Nazaré como cumplimento de una promesa. Fue un miércoles 8 de septiembre de 1793. Ese año, asombrado con las romerías a la ermita de Nazaré, el gobernador portugués Francisco Coutinho decidió organizar una fiesta pública para divulgar la devoción a la Virgen a la que fue invitada la gente del interior de la provincia para exponer sus productos agrícolas y participar del fascinante evento religioso.

En la víspera de la fiesta, el gobernador se enfermó. Prometió a la Virgen que si mejoraba, iría por su imagen a la ermita y la llevaría a la Casa de Gobierno para celebrar ahí una misa, luego la traería de vuelta en una romería. Recuperado, el gobernador cumplió la promesa y de esta manera se inició lo que vendría a ser la mayor procesión de fe católica de Brasil y que ocurre en las calles de la capital de Pará. Hasta inicio del año 1900, la gran procesión era en septiembre.

Actualmente se realiza el segundo domingo de octubre. El recorrido también cambió, pues empezaba en la capilla de la Casa de Gobierno con dirección a la ermita que estaba en Igarapé Murutucu. En 1882, el obispo Don Macedo Costa decidió cambiar el trayecto y el punto de partida pasó a ser la Catedral.

Las calles de Belém aún no tenían asfalto y cuando la bahía de Guajará se llenaba, el agua invadía las calles que se transformaban en grandes atolladeros, principalmente aquellas por donde pasaba la procesión. Por eso, se usaban bueyes para arrastrar la berlina con la imagen de la Virgen los cuales usaban una cuerda que les servía como refuerzo para ayudarse a salir del atolladero. En el siglo XX, los bueyes fueron retirados de la procesión porque eran un riesgo para los fieles que acompañaban la procesión. Pero la cuerda permaneció y se quedó como uno de los principales símbolos de la gran fiesta de fe que es el Cirio de Nazaré.

El estado, situado en la boca del Amazonas, posee innumerables atractivos



Turismo religioso, una excusa para conocer Pará

La colonización portuguesa en el Estado de Pará comenzó en 1616, con la fundación del Fuerte do Presépio –hoy, Fuerte do Castelo–, en la bahía de Guajará, que dio origen a la ciudad de Belém. Antes de eso, la región había sido invadida varias veces por holandeses e ingleses, que llegaban en busca de pimienta, guaraná (árbol del cual se produce un polvo utilizado como estimulante) y semillas de urucú (fruto utilizado en culinaria y como protector solar, y de donde también se extraen tinturas).

Dueño de un gran territorio, con innumerables islas, ríos, lagos, playas y sierras; las bellezas del Estado de Pará dividen la atención de quien llega para conocerlo. La capital, Belém, tiene dos tercios de su territorio formado por islas; y está ubicada al margen del Río Tocantins. La segunda mayor ciudad del Estado, Santarém, tiene como mayor atractivo el encuentro de las aguas de los ríos Tapajós y Amazonas.

De allí en adelante ellos corren juntos en dirección al mar, pero curiosamente sin mezclarse, apreciándose dos colores bien definidos en el agua. La villa Alter-do-Chão se encuentra a 30 km de Santarém. Es el balneario más famoso del municipio, el más concurrido de la región y escala obligatoria en la ruta de los cruceros extranjeros. Ubicada a orillas del Tapajós, la playa es temporal y depende de la altura del agua del río. Una de las curiosidades este sitio el un lago verde, cuyas aguas cambian de color, de azul a verde, a lo largo del día.

Además de todas las riquezas naturales que posee, Pará abriga también un valioso tesoro cultural: cerca de 40 grupos indígenas, esparcidos por un área con más de 23 millones de hectáreas. De estas, más de ocho millones ya fueron delimitadas por la Fundación Nacional del Indio (Funai), garantizando la seguridad y preservación de ese espacio. Entre las mayores comunidades indígenas allí presentes se encuentran los Andira Marau, los Mundurukus y los Kayapós. Paseos de barco, turismo étnico y muchas otras bellezas naturales esperan al visitante para conocer un lugar único.

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