lunes, 22 de febrero de 2010

Dilma Rousseff, la candidata que fue guerrillera


La ministra y ex guerrillera Dilma Rousseff, apuesta personal de Luiz Inácio Lula da Silva para sucederle en la presidencia de Brasil, fue proclamada ayer candidata del Partido de los Trabajadores para las elecciones de octubre.

Ante los 1.350 correligionarios que clausuraron el congreso nacional del partido, Dilminha apostó por la continuidad política y económica, poniendo el acento sobre la justicia social. Como telón de fondo, una foto gigante de ella abrazada a Lula, ambos sonriendo.

Aclamada por los congresistas, puestos en pie, Rousseff emocionó al auditorio recordando su pasado de lucha contra la dictadura militar. De origen húngaro, esta economista de 62 años estuvo vinculada a grupos que se alzaron en armas contra la dictadura militar, pasó tres años presa en la década de los setenta y sufrió graves torturas en prisión.

En 2003, cuando Lula asumió la presidencia por primera vez, fue nombrada ministra de Minas y Energía, y en 2005, en medio de los escándalos de corrupción que sacudieron al PT y al propio Gobierno, asumió la estratégica Casa Civil -la jefatura del Gabinete-, desde la que se controlan todos los resortes del poder.

Rousseff jamás se había postulado a ningún cargo electivo a pesar de su larga militancia en la izquierda brasileña. Muchos creen que porque carece de carisma, por su perfil netamente técnico y por su fama de gestora dura y hasta antipática.
Pero Lula nunca tuvo dudas sobre ella y su potencial, y apostó por su candidatura a pesar de que el año pasado se le detectó un cáncer linfático contra el que aún está en tratamiento.

Una encuesta aparecida ayer parece respaldar la elección del presidente: aunque el candidato socialdemócrata José Serra -gobernador de São Paulo- va por delante, con un 36%, ella ha recortado distancias, y ha pasado del 17% al 25% en la intención de voto.

En el congreso del PT, Rousseff dio muestras de su pragmatismo y su lealtad a Lula y anunció que, si gana las elecciones, seguirá "su herencia bendita" y continuará con las políticas de su antecesor, que han impulsado el crecimiento económico y el progreso social, sacando de la miseria a 20 millones de brasileños.

"Vamos a profundizar la visión social de Lula. Queremos un Brasil para todos", proclamó. Insistió en que el tren de Brasil, que para ella "ya es un tren de alta velocidad", no será empujado por una sola locomotora, sino por 27, en referencia a los 27 Estados del país, desde los más ricos a los más pobres.

Entre las propuestas, la candidata del PT puso un énfasis especial en la "era del conocimiento", con la mejora de la educación, de la ciencia y de la tecnología. Para que Brasil pueda llegar a ser la quinta potencia mundial, insistió, es necesario que los 190 millones de brasileños sean protagonistas de la historia y de las decisiones.

A pesar de su proclamación, Rousseff debe vencer serias resistencias dentro del partido. De hecho, la pregunta que flotaba ayer en el congreso es si Rousseff será siempre la candidata de Lula, o si se convertirá además en la candidata del PT.

La víspera de entronizar a Rousseff, los delegados habían aprobado un programa marcadamente de izquierdas que ella aceptó sólo como propuesta del partido, no como programa de Gobierno. La candidata insistió en que tomará en cuenta no sólo las propuestas del PT, sino también las de los partidos que han apoyado al Gobierno.

Lula sabe que Rousseff no será elegida sin el respaldo de los 12 partidos que lo apoyaron a él, y que tampoco podría gobernar sin ellos. El PT no le bastaría, como no le bastó a él. Por eso, al presentar a la candidata, dejó claro que ella "representará la continuidad" de sus "políticas externas e internas".

Lula bromeó con el carácter autoritario de Rousseff. "No saben lo que es discutir con esta mujer", dijo, y resaltó la importancia de tener por primera vez una presidenta "para acabar con los prejuicios en la política y en la sociedad brasileñas".


Fuente: ElPaís.com

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