jueves, 16 de septiembre de 2010

Ritmos y Colores de Brasil










Decir Brasil es decir color y es decir ritmo. Otros tópicos son más recientes y menos fundados y también - ¿por qué no decirlo? – más dañinos para la imagen de un país cuyo nombre se ha convertido ya en un casi-sinónimo de “futuro”. El color y el ritmo, no; el color y el ritmo están en sus mismos orígenes y en sus mismas raíces. No en vano, es de la tinción bermeja del pau-brasil de la que recibe su denominación definitiva, una deferencia que lo es a la madera, al color, al trabajo de la tinción (querría atreverme a decir que al perfume)… a la transformación y a lo novedoso.
Ya desde el descubrimiento de la Tierra de la Vera Cruz, el escribano de las naos cita repetida y variadamente las diferentes tonalidades de la piel de aquellos hombres – y mujeres, también, y no por corrección de la época sino por su chocante diferencia -, de las tinturas con que la distinguen, de los ropajes que hay o no hay, de las aves y de sus plumajes… ¡qué hermosos, variados y llamativos matices desfilan por la histórica Carta de Pero Vaz de Caminha! Habla del colorido, habla de las joyas y adornos suntuarios - que dan y reciben, que mezclan encantados - habla de los tejidos, habla del ritmo, al que se adaptan venga éste de donde viniere… Y todo ello “ingerido”, “digerido” y asimilado – de “antropofagia cultural” se hablará mucho más tarde- por un Brasil que va a devolverlo al mundo con una forma y expresión propias, diferentes, novedosas, casi irreales, y - por haberlas hecho sólo suyas - inimitables.
Más de cinco siglos ya…¿y qué vamos a encontramos hoy? Lo mismo - exactamente lo mismo- pero con quinientos años de evolución, de conocimientos, de mezclas asimiladas como ningunas, de reciclaje…y, una y otra vez, aquí están las telas, las joyas, las tinturas, los matices y el ritmo… siempre recreados y siempre sin dejar de sorprender.
¿En qué piensa Christina Oiticica cuando entierra sus telas durante meses? ¿no buscará, además de su impregnación física, en absorber el propio aliento de la tierra, el “más adentro” intuido pero jamás descrito, revelado sólo a los privilegiados?
¿Qué otra cosa es la emoción colorida de Mario Marlez sino la magia de la plenitud? ¿Y qué sino la fuerte serenidad con que nos hace vibrar Lygia Milton?, ¿Qué son sino desbordantes innovaciones las de Cibelle de Pilla usando lonas grasa de camión, las de Dedéia Meirelles usando embalajes y retazos de publicidad, y las de Nelson Mendes rompiéndonos los moldes con su resina sintética? A la naturaleza vuelve Dinorah Rosencrantz, a los pájaros de antaño que son los de hoy mismo. Y a la inspiración – tan impuesta como intensa – Dija Caetano. Sólo porque Linda de Sousa es el paradójico resultado del regreso de los orígenes.
Las joyas, como las del primer encuentro, deslumbran, atraen y… convencen a todos: a los que ya están y a los recién llegados, a propios y a extraños, a los que crean como fruto propio y a los que las contemplan como un generoso exotismo…

Brasil arrebata a cuantos lo conocen por la fuerza de sus colores, a los que atribuyen, como una sinestesia, un ritmo trepidante - ¿o es al revés, y es el ritmo lo que crea la variedad cromática? – y por una – también connatural- capacidad de innovación. En resumen: Por esa fuerza vital a la que llamamos creatividad.

María Tecla Portela Carreiro
Madrid, Septiembre 2010.


Ritmos y Colores de Brasil estará en Exposicion en la Casa do Brasil de Madrid hasta el 2 de octubre

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