viernes, 18 de diciembre de 2015

Vale y BHP quedarán casi sin castigo por destruir Rio Doce.


Por Vanessa Barbara
Poco después de las 4 p. m. el 5 de noviembre, el esposo de la rectora entró corriendo a la escuela en la aldea Bento Rodrigues, en el sureste de Brasil, gritando que una represa cercana se había rupturado y que todos tenían que salir del edificio. Profesores y empleados arrearon a unos 50 niños hacia buses y carros. Algunos los siguieron a pie. Minutos después, mientras la caravana subía la colina, observaron mientras una ola de pantano de 32 pies de altura barrió con su escuela y destrozó la aldea completa.
La represa había sido utilizada para almacenar agua y desechos minerales de una mina de hierro cercana. No tenía sistema de alarma ni un buen plan de emergencia o rutas de evacuación. Según los aldeanos, a nadie se le advirtió sobre la grieta. “Si la represa se hubiera colapsado de noche, todos habrían muerto,” dijo Duarte Júnior, el alcalde de la ciudad que incluye a Bento Rodrigues.
Más de un mes después de la ruptura de la represa, aún no es claro cuánto tiempo tomará para que el ecosistema, y la economía, se recuperen.
Después de inundar el pueblo, la ola de aproximadamente 2.2 billones de pies cúbicos de lodo y residuo mineral, suficiente como para llenar 25.000 piscinas olímpicas, se dirigieron hacia el Rio Doce. El río que atraviesa 228 municipalidades, es crucial para la vida económica de la región. El lodo de desecho mineral ha devastado al sector. Varias compañías tuvieron que suspender operaciones. Pescadores locales están entre los más seriamente afectados. El suministro de agua para Governador Valadares, una ciudad de 300.000 habitantes, tuvo que ser suspendido por una semana.
Las compañías involucradas insisten en que el lodo no posa amenaza alguna a la salud humana. Pero dos expertos ambientales de las Naciones Unidas dijeron que el lodo contiene “altos niveles de metales pesados tóxicos y otros químicos tóxicos”. Un informe del Instituto para la Administración de Agua, una agencia gubernamental en el estado de Minas Gerais, encontró que los niveles de arsénico en el agua eran 10 veces por encima del límite legal. Otras muestras recolectadas en puntos diferentes a lo largo del río contenían altos niveles de mercurio, hierro, aluminio y manganeso.
Según Ibama, la agencia de protección ambiental de Brasil, el Rio Doce es el hogar de 80 especies de peces, de las cuales 11 están en peligro de extinción y 12 no se encuentran en ningún otro lugar del mundo. “La muerte instantánea de organismos acuáticos es solo uno de los muchos impactos del desastre”, dijo un informe de Ibama que resalta el daño al ecosistema.
Dieciséis días después de la ruptura de la represa, la marea llegó al Océano Atlántico, más de 400 millas río abajo. También se expandió hacia la Reserva Biológica Comboios en la costa, un sitio de desove para tortugas caguamas y tortugas laúd, que se encuentran en peligro crítico de extinción.
“Los pasos que han tomado el gobierno brasileño, Vale y BHP Billiton para prevenir daños fueron claramente insuficientes”, dijeron expertos ambientales de las Naciones Unidas en una declaración, y añadieron que es inaceptable que tomó tres semanas para que la información sobre la toxicidad del agua saliera a la luz. “El gobierno y las compañías deberían estar haciendo todo lo posible dentro de su poder para prevenir más daño, incluyendo la exposición a metales pesados y otros químicos tóxicos,” dijeron.
Al hablar en una conferencia sobre el clima en París el 30 de noviembre, la presidenta Dilma Rousseff dijo que “la acción irresponsable de una compañía recientemente causó el desastre ambiental más grande de la historia de Brasil”. Samarco acordó pagar $262 millones para financiar esfuerzos iniciales de limpieza, y ha otorgado un subsidio mensual de US$ 204 a 115 familias afectadas directamente por la tragedia. La compañía fue multada con US$ 66 millones por contaminar el Río Doce y causar daño a suministros de agua dulce.
Pero los brasileños tienen buena razón para sentirse escépticos. Según estadísticas del gobierno, quienes infringen leyes ambientales en Brasil pagaron menos del tres por ciento de las multas impuestas contra ellos a través de los últimos cinco años. Muchas personas sospechan que Vale y BHP quedarán sin castigo y que las regulaciones de seguridad para la industria minera no serán actualizadas por causa del desastre.

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