Cuando Brasil cambió el pulso musical de Manolo García


Manolo García y Brasil: cuando Bahía entró en su música

Entre tambores, mestizaje y búsqueda personal, el músico encontró en Brasil el paisaje sonoro que transformó Para que no se duerman mis sentidos.


Octubre de 2003. Salvador de Bahía.
Manolo García buscaba un nuevo pulso para su música.

🎧 Dato curioso :
La grabación en Salvador de Bahía permitió a Manolo García trabajar con percusionistas del entorno de Carlinhos Brown, aportando al disco una base rítmica inédita en su carrera.

La relación de Manolo García con Brasil no nace de una colaboración puntual ni de una moda pasajera, sino de una búsqueda artística consciente. A comienzos de los años 2000, el músico catalán sentía la necesidad de alejarse de los esquemas habituales del pop-rock español y abrir su sonido a nuevas texturas. Ese camino le llevó a uno de los lugares con mayor identidad musical del mundo: Salvador de Bahía.

En octubre de 2003, García viajó a Brasil para grabar parte de su tercer álbum en solitario, Para que no se duerman mis sentidos, un disco que marcaría una evolución clara en su carrera. Las sesiones tuvieron lugar en el estudio Ilha dos Sapos, propiedad de Carlinhos Brown, situado en el barrio de Candeal, un enclave donde la percusión y la música comunitaria forman parte de la vida cotidiana. Allí, lejos de los circuitos europeos más previsibles, el artista encontró un ambiente creativo que favorecía la experimentación y la mezcla de lenguajes.


El trabajo en Bahía no se limitó al uso del estudio. Manolo García se rodeó de músicos locales y de percusionistas vinculados al entorno artístico de Carlinhos Brown, incorporando una base rítmica que aportó calidez y movimiento a las canciones. La percusión brasileña —orgánica, viva y profundamente ligada al cuerpo— añadió una dimensión nueva a su música, perceptible en temas como “Mi Niña Candela” o "Para que no se duerman mis sentidos", donde los arreglos respiraban un aire más abierto y mestizo.


Más que una simple influencia exótica, el resultado fue un auténtico ejercicio de fusión. La lírica introspectiva y poética de García se encontró con la energía rítmica de Bahía, creando un equilibrio entre melancolía mediterránea y vitalidad brasileña. El álbum se convirtió así en una obra de mestizaje sonoro, donde la identidad del artista se mantenía intacta mientras dialogaba con nuevas raíces musicales.

La experiencia brasileña también tuvo una dimensión personal. El viaje representó un espacio de desconexión y búsqueda creativa, lejos de la presión comercial europea. Brasil funcionó como un laboratorio emocional y musical, un lugar donde el ritmo, la calle y la improvisación forman parte natural del proceso artístico.

Con el paso del tiempo, aquella estancia en Salvador de Bahía se recuerda como uno de los momentos clave en la evolución sonora de Manolo García. No solo amplió su paleta musical, sino que confirmó algo esencial en su trayectoria: la música, cuando se abre al mundo, encuentra nuevas formas de respirar.

En Bahía no solo grabó un disco: encontró otra forma de respirar musicalmente.

Contexto adicional

Durante ese mismo periodo (2003), Carlinhos Brown estaba en la cima de su popularidad internacional tras el éxito del grupo Tribalistas. Manolo García ha mencionado en diversas entrevistas que esa etapa en Brasil fue vital para "oxigenar" su sonido tras la separación de El Último de la Fila.


Sobre Movida Brasileña: blog creado por Reginaldo Lima, radiofonista, empresario y divulgador cultural brasileño en España. Desde 2007 explora la música y la identidad brasileña en el mundo hispano, con más de un millón de lecturas acumuladas. 🎧 Escucha el podcast en Spotify.

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