Maysa y España: la década madrileña de una diva brasileña.
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| Maysa Matarazzo |
El próximo 22 de enero de 2027 se cumplirán 50 años de la muerte de Maysa Matarazzo (1977–2027). Medio siglo después, su voz sigue sonando como si el tiempo no hubiese pasado: intensa, nocturna, elegante y brutalmente honesta. Pero hay un capítulo de su vida que en el mundo hispano sigue siendo poco contado —y que ayuda a entender mejor su mito—: su relación con España y, en especial, con Madrid.
Madrid, refugio y escenario
A comienzos de los años 60, Maysa vivió una etapa europea marcada por viajes, cambios y reinvenciones. En ese período, residió varios años en Madrid, en una vida que alternó entre la bohemia, los círculos sociales y la música en directo. Distintas fuentes sitúan su estancia madrileña vinculada a su relación con el español Miguel Azanza, con idas y venidas entre Madrid y otras ciudades europeas.
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| Maysa Matarazzo |
Aquella Madrid no era solo un lugar de paso: era un escenario real donde Maysa intentó rearmar su vida lejos del ruido brasileño, aunque sin dejar de ser ella misma. En esos años, el jazz era un lenguaje secreto en la ciudad, con clubes que hoy son leyenda, y uno de ellos aparece recurrentemente asociado a su nombre: el Whisky Jazz.
Maysa cantando en español e inglés para Televisión española :
Whisky Jazz: el cruce con el jazz español
En investigaciones y textos especializados se menciona que Maysa colaboró en Madrid en el entorno del Whisky Jazz, coincidiendo con músicos españoles de primer nivel como Juan Carlos Calderón y Pedro Iturralde. Si bien su paso por España no la convirtió en una figura popular aquí en aquel momento, ese contacto forma parte del mapa oculto de la cultura musical madrileña de los 60.
La Maysa que llegó al cine español
Años después, su vínculo con España se hizo masivo por una puerta inesperada: el cine. Su versión de “Ne me quitte pas” se convirtió en un momento emocional inolvidable en La ley del deseo, de Pedro Almodóvar.
Y lo más interesante es que el propio Almodóvar habló de ella de forma directa. En una entrevista, al recordar esa elección musical, la definió como “una versión exquisita” y la llamó “una gran diva de la música brasileña”, subrayando además un detalle que conecta con esta historia: “curiosamente, también vivió en Madrid”.
Ese comentario, sencillo y potente, resume bien por qué Maysa encaja en el universo almodovariano: mujeres fuera de norma, heridas que se vuelven estilo, emoción sin protección.
Maysa cantando Ne me quite pas en directo :
Maysa y Madrid: la historia (casi secreta) con Miguel Azanza
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| Maysa y Miguel en Madrid |
El próximo 22 de enero de 2027 se cumplirán 50 años del fallecimiento de Maysa Matarazzo. Medio siglo después, su voz sigue resonando con una intensidad que no admite desgaste. Pero hay un capítulo de su vida que en España permanece todavía poco explorado: su relación con el empresario español Miguel Azanza y los años en que Madrid fue su hogar europeo, su refugio y también su escenario emocional.
El encuentro: Portugal como punto de partida
Las biografías más rigurosas coinciden en situar el inicio de la relación entre Maysa y Miguel Azanza durante una presentación de la cantante en Portugal, a comienzos de los años sesenta. Él estaba entonces casado. Aquel encuentro marcaría un giro decisivo en la vida de la artista, que poco después iniciaría una etapa europea prolongada, con Madrid como base principal.
Miguel Azanza, el compañero europeo
Miguel Azanza aparece descrito en las fuentes como empresario español, una figura discreta, alejada del mundo artístico, pero central en la vida personal de Maysa durante casi una década. Con él, la cantante buscó una estabilidad que nunca terminó de alcanzar del todo, pero que la llevó a instalarse durante varios años fuera de Brasil.
Maysa en 1958 interpreta "Ouça" para la película brasileña "O Camelô da Rua Larga""
Algunas fuentes hablan de matrimonio; otras, de convivencia prolongada. Lo cierto es que fue una relación larga e intensa, que se extendió aproximadamente desde 1963 hasta finales de la década, con idas y vueltas, separaciones temporales y reencuentros.
Madrid, ciudad de residencia
A partir de 1963, Maysa vivió largas temporadas en Madrid, alternando la ciudad con estancias en Milán y otros puntos de Europa. Madrid no fue un simple lugar de paso: fue una residencia real, cotidiana, donde intentó construir una vida lejos del ruido mediático brasileño.
Diversas fuentes secundarias señalan que la pareja residió en una zona acomodada de la capital, mencionándose con frecuencia el barrio de Salamanca, uno de los más exclusivos de la ciudad. No existen datos públicos que permitan confirmar una dirección concreta, pero ese dato sitúa su vida madrileña en un entorno social acorde con el perfil del empresario y con la posición que Maysa había alcanzado.
Una vida entre escenarios y silencios
Durante su etapa española, Maysa continuó cantando, viajando y grabando, aunque su relación con el éxito fue siempre ambivalente. Madrid fue para ella un lugar de bohemia discreta, de noches largas y también de silencios.
En esos años, la cantante llevó a su hijo a vivir con ella en España durante un tiempo. La intensidad de su vida itinerante y profesional la obligó, sin embargo, a tomar decisiones difíciles: el niño acabaría ingresando en un colegio interno en Madrid, un episodio que refleja hasta qué punto la ciudad fue algo más que un decorado romántico en su biografía.
Retratos íntimos: la mirada de Clarice Lispector
Uno de los testimonios más reveladores de esta etapa aparece vinculado a Clarice Lispector, amiga y cronista sensible de su tiempo. En un fragmento citado en distintas publicaciones, Clarice describe una escena doméstica en la que Miguel Azanza entra en la habitación, se muestra cordial y comenta, con naturalidad, el carácter reservado de Maysa. Es un retrato mínimo, pero profundamente humano, que muestra a la cantante lejos del mito y más cerca de la vida cotidiana.
Una relación decisiva
La relación con Azanza marcó profundamente a Maysa. Fue una etapa de amor, dependencia, intentos de estabilidad y también de frustración. Europa —y Madrid en particular— representaron para ella una posibilidad de reinvención, pero también un territorio de soledad y desarraigo.
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| Maysa y Miguel en verano. |
A finales de los años sesenta, la relación se fue deteriorando y Maysa acabaría regresando definitivamente a Brasil, donde su vida entraría en una fase cada vez más intensa y autodestructiva, hasta su muerte en 1977, en un accidente de tráfico.
Madrid en la memoria
España no fue el país donde Maysa alcanzó su mayor popularidad, pero sí fue un lugar clave en su biografía emocional. Años después, su voz llegaría al gran público español de forma inesperada, cuando Pedro Almodóvar utilizó su interpretación de “Ne me quitte pas” en La ley del deseo, sellando para siempre un vínculo artístico entre Maysa y el imaginario cultural español.
Cincuenta años después
En 2027, al cumplirse 50 años de su muerte, volver a mirar la relación de Maysa con Madrid y con Miguel Azanza no es un ejercicio de curiosidad sentimental, sino una forma de entender mejor a la artista.
Porque Maysa no fue solo una gran voz brasileña: fue una mujer que vivió intensamente, que amó fuera de su país, que intentó rehacer su vida en Europa y que dejó también en España una huella silenciosa, íntima y profunda.
Algunas voces no pertenecen a un solo lugar.
Maysa fue una de ellas.
España como eco: lo que quedó
España no fue el lugar donde Maysa se consagró, pero sí fue un territorio donde su vida se mezcló con otra lengua, otra noche y otro ritmo. Un lugar de tránsito —sí—, pero también de experiencia: clubes, escenarios, relaciones, y una huella cultural que resurge décadas después gracias a la memoria musical del cine.
En 2027, cuando se cumplan 50 años de su fallecimiento, vale la pena recordar también esta Maysa española: la que caminó Madrid, la que cantó —cuando cantaba— con el filo de siempre, la que quedó escondida en archivos, en biografías, en testimonios dispersos, y en una canción que Almodóvar convirtió en herida compartida para millones de espectadores.
Porque algunas voces no se apagan con el tiempo: se transforman en legado.
Este artículo dialoga con un texto anterior publicado en Movida Brasileña con motivo de los 30 años de la muerte de Maysa, donde se aborda su figura desde una perspectiva más general y emocional.
40 minutos con Maysa grabado en 1975 en Brasil :





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