El refugio balear de Gilberto Gil: seis meses en la Ibiza hippie
En 1971, mientras gran parte del mundo cultural miraba hacia la efervescencia psicodélica de Londres, Gilberto Gil tomó una decisión inesperada: alejarse del epicentro británico para buscar refugio en la Ibiza hippie. Aunque su exilio europeo se extendió durante tres años (1969–1972), fue un mes vividos en la mayor de las Pitiusas - Compaginando con viajes a Madrid y Barcelona - casi seis meses en total que los que marcaron un punto de inflexión emocional y creativo en su trayectoria.
Gilberto Gil y España
Memoria documentada de una relación cultural que atraviesa cinco décadas
Gil se instaló en una pequeña casa de campo, una finca tradicional ibicenca sin electricidad ni agua corriente. En ese entorno rural, rodeado de una comunidad hippie internacional en plena efervescencia, encontró un espacio de silencio y reflexión, lejos tanto de la represión política que sufría Brasil como del ritmo industrial de la escena londinense.
Aquella vida austera, casi ascética, dejó una huella profunda en su sensibilidad artística y reforzó un enfoque acústico, orgánico y esencial que se reflejaría en su obra posterior.
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| Gilberto Gil & Reginaldo Lima en 2004 en Madrid |
“Back in Bahia”: Ibiza como punto de partida emocional
Fue durante esa estancia mediterránea cuando Gilberto Gil compuso Back in Bahia, una de las canciones más emblemáticas de su cancionero. Escrita desde la distancia, la canción articula una tensión constante entre la belleza del lugar de acogida y el deseo irreprimible de regresar a las raíces.
En la letra aparece la referencia a la “Ilha do Norte”, una expresión que el propio Gil ha identificado como una alusión directa a Ibiza: la isla desde la que se preguntaba si su exilio era una suerte o un castigo. El Mediterráneo y Bahía dialogan así en una canción que funciona como diario íntimo cantado.
También hizo dos temas más en la isla ; "Oriente" y "O sonho acabou", todas están en el álbum Expresso 2222.
Expresso 2222 y el regreso a Brasil
La experiencia ibicenca fue decisiva para el regreso definitivo de Gilberto Gil a Brasil en 1972. Publicado ese mismo año, Expresso 2222 cristaliza el legado de ese periodo: una síntesis luminosa entre la tradición musical brasileña y la apertura experimental que absorbió durante su exilio europeo, especialmente en España.
Hoy, el álbum es considerado una obra clave de su discografía y uno de los grandes discos de la música popular brasileña del siglo XX.
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| Gilberto Gil y Reginaldo Lima en Sergipe en 2013 |
España después de Ibiza: escenarios, ciudades y continuidad
La relación de Gilberto Gil con España no terminó con su paso por Ibiza. Al contrario: aquel primer vínculo se transformó con los años en una presencia constante y significativa en escenarios españoles, especialmente en Madrid.
Ver un trocito del concierto de Gilberto Gil en La Mar de Músicas - Cartagena - en 2002 :
Madrid, Veranos de la Villa y el Conde Duque
Gilberto Gil forma parte de la historia musical de los Veranos de la Villa desde fechas tempranas. Ya en 1992 aparece en el cartel del ciclo Rincón del Trópico, celebrado en el Conde Duque, dentro de la programación estival madrileña dedicada a músicas del mundo.
Un momento especialmente significativo de esa relación con Madrid tuvo lugar en 1994, cuando Gilberto Gil actuó junto a Caetano Veloso en la Muralla Árabe, dentro de la programación de los Veranos de la Villa. Aquel concierto, celebrado en un enclave cargado de historia, simbolizó el reencuentro de dos figuras esenciales del tropicalismo con el público madrileño, en una ciudad que empezaba a consolidarse como capital cultural abierta a las músicas del mundo.
Veintiún años después, ambos volverían a compartir escenario en Madrid, esta vez en el Teatro Real, cerrando un arco histórico que conecta el Madrid al aire libre de los años noventa con los grandes templos musicales del siglo XXI.
Volvería a Madrid en distintas ocasiones, entre ellas un concierto documentado en el Conde Duque el 13 de julio de 1998, y más tarde, en julio de 2004, con su espectáculo Gil electroacústico, donde defendía una visión “glocal” de la música: la capacidad de dialogar entre lo local y lo global sin perder identidad.
Teatro Albéniz, 2002: música, fútbol y memoria personal
El 3 de noviembre de 2002, Gilberto Gil actuó en el Teatro Albéniz de Madrid dentro de un proyecto especial en torno a la figura de Bob Marley, con continuación al día siguiente en Barcelona.
Ese concierto ocupa un lugar especial en mi memoria. Aquella noche, Ronaldo Nazário se encontraba entre el público y se sentó justo a mi lado. Desde el escenario, Gilberto Gil lo reconoció y lo saludó públicamente. Conservo registros de ese momento, testimonio directo de una escena donde música y cultura popular se cruzaron de forma natural.
Además, aquel concierto estuvo acompañado por un intenso trabajo de difusión: desde nuestro programa de radio en Madrid regalamos cincuenta entradas, contribuyendo a acercar el evento a nuevos públicos y a ampliar su impacto.
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| Reginaldo Lima & Gilberto Gil en 2009, Madrid. |
Expo Zaragoza 2008: Brasil en el centro del escenario
En 2008, Gilberto Gil volvió a tener un papel destacado en España como uno de los protagonistas del Día de Brasil en la Expo Zaragoza, la Exposición Internacional dedicada al agua y al desarrollo sostenible.
En el escenario principal del recinto, Gil actuó junto a Gal Costa, Maria Rita y Margareth Menezes —esta última, hoy ministra de Cultura de Brasil—, configurando una representación de alto nivel de la música y la cultura brasileñas en uno de los mayores eventos internacionales celebrados en España en el siglo XXI.
Veranos de la Villa 2009: Puerta del Ángel y Pedro Almodóvar
El 26 de julio de 2009, Gilberto Gil regresó a Madrid para actuar en Veranos de la Villa, esta vez en el escenario de Puerta del Ángel. Fue un concierto especialmente cercano, en el que Gil habló en español al público y desplegó un repertorio íntimo y celebratorio.
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| Gilberto Gil y Reginaldo Lima en Madrid en 2009 |
Aquella noche, Pedro Almodóvar se encontraba entre los asistentes. Vimos el concierto él y yo sentados juntos en la primera fila. Pude fotografiarles allí mismo en los camerinos, documentando una escena que unía a dos creadores fundamentales de la cultura iberoamericana, desde lenguajes distintos pero con una sensibilidad compartida.
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| Almodóvar fue a saludar a Gil en los camerinos después del concierto - @movidabrasileña |
En marzo de 2011, ya como ex Ministro de Cultura de Brasil, Gilberto Gil regresó a España para presentar su nuevo disco Fé na Festa. Lo hizo con la gira The String Concert, un formato camerístico que subrayaba la elegancia y la madurez de su obra.
El recorrido incluyó tres conciertos consecutivos: el 27 de marzo en el Kursaal de San Sebastián, el 29 de marzo en el Palau de la Música Catalana de Barcelona y el 30 de marzo en el Auditorio Baluarte de Pamplona. Esta gira confirmó la vigencia de su vínculo con los grandes auditorios españoles y con un público que lo seguía desde hacía décadas.
Más Madrid: continuidad en el siglo XXI
La relación de Gilberto Gil con Madrid continuó en los años siguientes:
En 2008, estaba previsto un concierto en el Palacio Municipal de Congresos, que finalmente fue cancelado por motivos de salud. Le henos entrevistado en español en nuestro programa de Radio y puedes escuchar aqui ;
El 3 de julio de 2018, actuó en La Riviera, en un concierto único para celebrar el 40º aniversario de Refavela.
Ese mismo año, Gilberto Gil amplió su presencia en España más allá de los escenarios. El 3 de julio de 2018 fue entrevistado por Ángel Carmona en el programa Hoy empieza todo de Radio 3 (RTVE), uno de los espacios culturales de referencia de la radio pública española.
(La entrevista puede escucharse aqui en RTVE Play:
En 2015, regresó al Teatro Real junto a Caetano Veloso dentro de la primera edición del Universal Music Festival.
Y en 2023, volvió al mismo escenario con Gilberto Gil & Family, dentro de su gira Aquele Abraço Tour, cerrando simbólicamente un ciclo que conecta pasado, presente y legado.
Epílogo: una relación viva
Desde una casa sin luz ni agua en la Ibiza de 1971 hasta los grandes escenarios de Madrid en el siglo XXI, la relación entre Gilberto Gil y España ha sido continua, profunda y fértil.
España fue refugio en tiempos de exilio, escenario de reencuentros, espacio de celebración y territorio de memoria compartida. Y también un lugar donde he sido testigo directo —y partícipe— de algunos de esos momentos.
Un vínculo que no pertenece solo a la historia de un artista, sino a la historia cultural entre Brasil y España.
Memoria personal
Conocí por primera vez a Gilberto Gil en 2004, en Madrid, cuando aún ejercía como Ministro de Cultura de Brasil. Fue en el propio ministerio donde mi programa de radio recibió el patrocinio del gobierno brasileño, un gesto que ya entonces revelaba su comprensión profunda del valor cultural y del diálogo internacional. Desde ese primer encuentro, nuestras trayectorias se han cruzado en numerosas ocasiones en España.
Volvimos a coincidir en Brasil en 2013, año en el que tuve la oportunidad de entrevistarlo para la radio de París, con la que colaboraba en aquel momento. A lo largo del tiempo, esos encuentros han ido construyendo algo más que una relación profesional y marcada por el respeto, la conversación y el afecto.
Gilberto Gil representa para mí la principal razón por la que me alegro de ser brasileño. Es, sin exageración, la persona más bella, inteligente, sabia, culta, elegante e interesante que he conocido jamás. Un tesoro vivo. Un patrimonio esencial de Brasil.
Su generosidad es gigantesca; su humildad, arrolladora. En él conviven de forma natural el creador, el pensador, el servidor público y el ser humano íntegro. Pocas veces la grandeza artística va acompañada de una humanidad tan profunda y accesible.
Hemos trabajado también en su último concierto en el Teatro Real de Madrid, él junto a su familia, una despedida de los escenarios españoles cargada de simbolismo. A ese concierto decidí no asistir. No me gustan las despedidas. Preferí conservar intacta la continuidad de una historia que, para mí, no se cierra con un último aplauso, sino que permanece viva en la memoria, en la música y en todo lo compartido.
Quizá eso resume mejor que nada mi relación con Gilberto Gil: no como un relato que empieza y termina, sino como una presencia que sigue resonando en la música, en la historia cultural y en la vida misma de quienes hemos tenido el privilegio de conocerlo y escucharlo.






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