Río de Janeiro acaba de hacer historia.
Por : Movida Brasileña
Río de Janeiro hace historia cada 31 de diciembre.
Pero esta vez, el mundo lo certificó. La ciudad fue reconocida oficialmente por Guinness World Records por albergar la mayor celebración de Nochevieja del planeta, con cerca de 2,5 millones de personas reunidas en la playa de Copacabana para recibir el Año Nuevo.
Más allá del impacto visual de los fuegos artificiales —que iluminan kilómetros de costa— el Réveillon de Río es una experiencia que no tiene comparación. Mientras otras grandes capitales del mundo celebran la llegada del año nuevo en espacios icónicos pero reducidos, Río convierte toda su orla marítima en un escenario colectivo donde conviven turistas, locales, música, rituales y tradición.
A diferencia de otras grandes celebraciones de fin de año en el mundo, el Réveillon de Río de Janeiro destaca no solo por su espectacularidad, sino por su escala humana y territorial. Mientras Nueva York concentra cerca de un millón de personas en el espacio reducido de Times Square, Londres reúne a cientos de miles a lo largo del Támesis y Sídney deslumbra con fuegos artificiales sobre su bahía, Río transforma kilómetros de playa abierta en un único escenario colectivo. Esa combinación de multitud —unos 2,5 millones de asistentes—, acceso libre, continuidad espacial y celebración simultánea es lo que llevó a Guinness World Records a certificarla como la mayor fiesta de Nochevieja del planeta: no un evento concentrado en un punto urbano, sino una ciudad entera celebrando frente al mar al mismo tiempo.
Para entender por qué esta Nochevieja es única, hay que mirar atrás. Mucho antes de convertirse en un evento multitudinario y turístico, la celebración tenía un fuerte significado espiritual. A finales del siglo XIX, comunidades afrobrasileñas comenzaron a reunirse junto al mar para rendir homenaje a Yemanjá, orixá de las aguas saladas, protectora y madre en las religiones africanas llegadas a Brasil a través de la diáspora.
Las ofrendas —flores, velas y pequeños regalos arrojados al océano— marcaban el cierre de un ciclo y la esperanza del siguiente. Con el tiempo, esos rituales se mezclaron con las celebraciones populares de fin de año, dando origen a tradiciones que aún perduran: vestir de blanco, saltar siete olas y mirar al mar como gesto de renovación.
Durante el siglo XX, Río fue sumando conciertos, escenarios y espectáculos pirotécnicos cada vez más ambiciosos, hasta consolidar Copacabana como el mayor punto de encuentro de Nochevieja del mundo. Hoy, el Réveillon es también un motor cultural y económico que proyecta la identidad brasileña al planeta entero.
El récord Guinness no reconoce solo una cifra. Reconoce una celebración nacida del mestizaje cultural, la espiritualidad afrobrasileña y la ocupación festiva del espacio público. En Río, el año nuevo no solo comienza: se celebra con historia, fe y mar.

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